El artista-artesano: o por qué filmar una boda es trabajar con las manos
- Leandro Navall
- hace 14 horas
- 3 min de lectura
*La crítica de arte Susana Temperley encontró las palabras que yo llevaba años buscando para explicar lo que hago. Os las comparto.*

Cuando alguien me pregunta a qué me dedico, la respuesta corta —"videógrafo de bodas"— siempre se me queda pequeña. No por presunción, sino porque no termina de contar lo que de verdad ocurre cuando filmo vuestro día. Durante mucho tiempo no supe cómo nombrarlo. Hasta que leí lo que Susana Temperley escribió sobre mi trabajo.
Materializar la memoria
Susana, que es especialista en crítica de las artes en Argentina, prologó mi libro sobre videografía de bodas. Y al hacerlo puso nombre a algo que yo sentía pero no sabía explicar: que la tarea de quien filma una boda es, en realidad, una labor de **gestación de mundos** —momentos que quedan instituidos en el tiempo, y cuya sustancia son los vínculos, los encuentros y los afectos entre las personas.
Me gusta esa idea. Cuando estoy en vuestra boda no estoy "grabando un evento". Estoy ayudando a materializar la memoria: a convertir algo que ocurre una sola vez, y que se desvanecería, en un reservorio permanente de alegría al que podréis volver siempre.
Trabajar con las manos
Hay otra idea de Susana que me marcó. Ella recuerda que la palabra *manual* viene del latín *manuālis*: lo que pertenece a las manos, lo que se hace con las manos. Y desde ahí me describe como un **artista-artesano**.
Esas dos palabras juntas dicen mucho de cómo entiendo este oficio. El **artista** pone la sensibilidad, la mirada, la emoción: la decisión de qué contar y cómo. El **artesano** pone el oficio, la disciplina, la paciencia: las horas de montaje, el cuidado por cada detalle, la entrega de quien trabaja con sus manos hasta que la pieza queda bien.
No creo en el vídeo de boda hecho en serie, sacado de molde. Creo en el trabajo artesano: en sentarse con vuestro material, escucharlo, y darle forma de película una decisión cada vez. Por eso ninguna boda que filmo se parece a otra.
Una entrega apasionada
Lo que más me gustó de cómo Susana describe este trabajo es que habla de una **entrega**: la del creador que se vuelca, con lucidez y disciplina, en aquello que hace. Y es exactamente así como me siento el día de vuestra boda y las semanas que paso después montándola.
Porque al final, eso es lo que recibís: no un archivo de vídeo, sino el resultado de una entrega apasionada a contar vuestra historia. Una pieza hecha a mano, con sensibilidad y oficio, pensada para que dentro de muchos años sigáis pudiendo volver a ese día y revivir, una y otra vez, lo que sentisteis.
La invitación de Susana al final de su prólogo era para los videógrafos: "¡manos a la obra!". La mía, para vosotros, es parecida: dejadme materializar la memoria de vuestro día.
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*Susana Temperley es especialista en Crítica y Difusión de las Artes (UNA) y profesora de Semiótica de las Artes. Escribió el prólogo de mi libro sobre videografía de bodas.*
*Leandro Navall es videógrafo de bodas desde hace más de quince años. Filma historias de amor por todo el mundo con un enfoque cinematográfico y documental.*


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